En esta charla profunda y sincera, hablamos con un entrenador y psicólogo deportivo que ha hecho del fútbol base femenino su terreno de juego y aprendizaje. A través de rondos, juegos de posición, salidas de balón y partidos reales, nos muestra cómo cada tarea en el entrenamiento debe tener un propósito táctico y cognitivo.
Su modelo de trabajo se basa en una idea clara: entrenar la toma de decisiones en contexto real, no automatizar. Porque, como él dice:
“La toma de decisiones no empieza en el pase, empieza en el cuerpo.”
Nos cuenta cómo diseña tareas que obligan a pensar, leer al rival, perfilarse bien y ejecutar con intención. Habla de espacios, pasillos, progresión, presión y transición con una pasión contagiosa. Pero sobre todo, destaca la importancia de que las jugadoras entiendan el por qué de cada acción.
“No se trata de hacer por hacer. Se trata de leer el juego y adaptarse a él.”
También reflexiona sobre su amor por el fútbol femenino, sus ganas de volver a un primer equipo, y sus sueños: crecer, vivir experiencias internacionales, y seguir uniendo la psicología con el fútbol para formar jugadoras inteligentes, libres y comprometidas.
Un viaje desde la pizarra hasta el campo, lleno de ideas, valores y mucho amor por el juego.
Muy buenas a todos y bienvenidos a Conexión Cantera. Hoy estamos en compañía de Íñigo González, entrenador y psicólogo deportivo del Fuenlabrada Atlantis.
Muy buenas, Íñigo, ¿qué tal? ¿Cómo estás?
—Hola, hola. Muy buenas, Mateo. ¿Qué tal? ¿Todo bien?
Hoy Íñigo nos hablará del modelo de entrenamiento basado en la toma de decisiones del jugador. Un enfoque muy interesante. Pero antes, vamos a conocer un poco a Íñigo como profesional. Esta doble función que desempeñas, siendo entrenador y psicólogo deportivo, ¿cómo la combinas y cómo se complementan en tu día a día en el campo?
—Pues la verdad es que se complementan en prácticamente todo lo que hago. Considero el deporte como un todo, y especialmente el fútbol, que es mi área. Soy un firme defensor de que, en el fútbol de alto rendimiento —e incluso en canteras de alto nivel—, lo que marca la diferencia es el plano mental.
Te digo esto porque creo que hemos llegado a un punto en el que todos los equipos están muy preparados, tanto táctica como física y técnicamente. En esos niveles, lo que marca la diferencia es la parte mental.
Lo que intento con mis equipos es trabajar ese aspecto desde la base. Eso sí, siempre dejando claro que yo no soy el psicólogo del equipo: soy el entrenador. Aunque tengo la formación y experiencia como psicólogo deportivo y coach, debo tener muy presentes mis límites, para no confundir a los jugadores ni invadir roles que no me corresponden.
Me encantaría, cada vez que llego a un club, contar con la figura del psicólogo deportivo. Desafortunadamente, no siempre es posible. Entonces, intento asumir parte de esa función, siempre con mucho cuidado, para no pisar funciones ajenas ni generar confusión en el jugador.
¿Cómo lo hago? Pues tanto este año como el anterior, fui aprendiendo de mi experiencia como psicólogo deportivo y también del máster que cursé. A partir de eso, surgen ideas para realizar dinámicas grupales que trabajan variables psicológicas importantes y fundamentales en mis equipos. Me parecen clave, tanto para competir en el día a día como para seguir mejorando.
Estas dinámicas las considero especialmente útiles desde la pretemporada, cuando llegamos al equipo. Fuera de lo estrictamente táctico, técnico o físico, también hay que dar importancia a lo mental. Porque al final, eso es lo que marca la diferencia, sobre todo en los momentos difíciles.
Como entrenador, tienes que ser consciente de que una temporada es muy larga, y por muy bien que vayan las cosas en ciertos momentos, siempre habrá etapas complicadas. Siempre acabarás perdiendo algún partido. Ahí es donde debes saber quién quieres ser en la derrota, con qué valores te identificas, cuán concentrado necesitas estar en momentos clave de la temporada, etc.
Esto se puede trabajar a través de dinámicas grupales, tanto de cohesión de equipo como para abordar distintas variables psicológicas, y hacerlo de diferentes formas, dándole vueltas para no aburrir al jugador. Creo que ahí está la clave.
Además, combino entrenamiento y psicología en mi día a día, no solo con dinámicas grupales, sino también en la forma en que me comunico con el grupo y con cada jugador en particular. Como entrenador, aunque no seas el psicólogo del equipo, sí debes cuidar mucho cómo te diriges al grupo y a cada individuo.
Pongo un ejemplo: puedes tener un grupo de 15, 20 o 25 jugadoras, dependiendo de la etapa formativa, y cada una es diferente. No todas responden igual al mismo mensaje. A algunas las motivará que les digas sus errores al descanso; otras, en cambio, se pueden venir abajo si les corriges dos cosas seguidas.
Por eso, considero que la parte más difícil y más importante de ser entrenador es conocer bien a tu plantilla. Tomarte el tiempo, en las primeras semanas o meses, para conocer a cada jugadora, y en base a eso, adaptar tu conducta, tu forma de comunicarte, de motivar, etc.
Esa frase de “hay que tratar a todos por igual” me parece una de las mayores mentiras que se han dicho. Cada jugador necesita algo diferente para rendir al máximo.
MODELO DE ENTRENAMIENTO BASADO EN LA TOMA DE DECISIÓN
Perfecto, Íñigo. Creo que hemos hecho una introducción suficiente para pasar a la temática principal. Vamos con ello: tu modelo de entrenamiento basado en la toma de decisiones del jugador. Es tu espacio, tu tiempo, y estamos aquí para escucharte.
—¡Vamos a ello! A ver, existen miles de modelos de entrenamiento y de juego. Pero yo considero que, tanto en fútbol base como en etapas más avanzadas —siempre que no estemos hablando de la élite, donde prima competir semana a semana—, lo más valioso es un modelo centrado en la mejora de la toma de decisiones del jugador.
¿Qué quiere decir esto? Para mí, el fútbol es un deporte de errores. Y quien toma mejores decisiones durante un partido aumenta sus probabilidades de éxito. Por eso, este modelo de entrenamiento se basa en tareas que se asemejen al juego real, con la menor cantidad posible de reglas artificiales o estructuras que alejen al jugador del contexto real de juego.
El jugador mejora jugando. Y jugar es replicar lo que hará el fin de semana en competición. Evidentemente, hay que tener en cuenta la etapa formativa. No es lo mismo entrenar a un benjamín que a un infantil o un juvenil.
Puedes encontrarte con un grupo que viene muy trabajado o con otro en el que algunas jugadoras apenas han tocado un balón. Y tienes que adaptar tu modelo en función de eso. A veces, al principio, es necesario trabajar con tareas más analíticas, centradas en el gesto técnico, para luego progresar hacia tareas más globales con oposición.
En etapas más iniciales, incluso los partidos de competición no deberían tener tanta importancia. Lo importante es que el jugador o jugadora no se frustre, que entienda que el error es parte del proceso, y que lo que buscamos es formarle para el futuro, no ganar el sábado.
Entonces, ¿qué significa entrenar en base a la toma de decisiones? Significa enseñar al jugador a pensar. Y eso muchas veces incomoda, porque el fútbol ha tendido históricamente a la automatización, a la repetición sin reflexión. Eso genera jugadores que hacen cosas espectaculares… pero sin saber por qué.
Yo creo en enseñarles a jugar en función del rival. Si la central rival salta a presionar al extremo, el balón debe ir a la lateral. Si la lateral también es presionada, habrá otra jugadora libre. Hay muchísimas opciones. No hay dos jugadas iguales en el fútbol, y el jugador debe aprender a pensar en función del contexto, no ejecutar por reflejo.
Y claro, esto, en la teoría —en una pizarra o en un vídeo—, parece fácil. Pero en el campo, con décimas de segundo para decidir, es muy complejo. Todos los que hemos jugado lo sabemos. Por eso, como entrenadores, lo primero es reconocer que no es fácil. Y que equivocarse es parte del proceso.
Este modelo genera errores. Provoca goles en contra. Puede hacerte perder partidos por errores en la salida de balón, por ejemplo. Pero creemos firmemente que formar jugadores que piensan es lo que marcará la diferencia cuando lleguen a un primer equipo.
Por eso marcamos los tres pasillos en el campo. Dentro de cada espacio, la intención era clara: atraer en un carril, fijar cerca para liberar en el lado contrario y girar rápido con el objetivo de progresar.
La norma principal era que, para progresar, obligatoriamente tenía que haber un cambio de orientación, un giro de juego. Y además, los pases debían ser filtrados por abajo. En este caso, por ejemplo, el equipo azul (en posesión) no podía levantar la pelota. ¿Por qué? Porque el 8 y el 10, que estaban en la zona intermedia, no podrían controlar bien balones altos. Así obligamos a jugar raso, limpio y preciso.
Yo, en este tipo de tareas, suelo prohibir el balón largo. No me gusta. En parte porque, en contextos competitivos, es común que al segundo o tercer día el equipo, por costumbre, empiece a buscar el pase largo en cuanto no hay presión.
Entonces les paras: “¿Por qué jugar largo si tienes un 7 contra 3 en zona reducida?” Ahí es donde entra el pensamiento, la toma de decisión con intención. Y no se trata de jugar por jugar, sino de saber por qué haces lo que haces.
Si el 4 tiene el balón y el 9 le salta, mientras el 11 está cubriendo a la 3, probablemente el 8 esté libre. Y en función de cómo se libere el 8, ahí decidimos: jugar con el 2, volver atrás con el portero… Siempre según la presión del rival. Esa es la riqueza de la tarea.
🔄 Transiciones y variantes
Esta misma tarea tiene muchas posibilidades: puede hacerse transversal para trabajar el cambio de orientación puro, o longitudinal, como lo hago yo, para progresar después de girar.
También se puede jugar con o sin porteras, y con o sin transiciones. A mí me gusta más con transiciones, aunque depende mucho de la etapa formativa. Por ejemplo, con benjamines o prebenjamines, quizás cueste más. Entonces la haces sin transición: una serie roba un equipo, la siguiente el otro.
Pero conforme lo van entendiendo, introduces la transición real. ¿Cómo? Si el equipo rojo roba (9, 11 o 7), su objetivo es acabar en portería. Y si marcan, cambian los roles: ahora ellos pasan a la zona grande y las azules a defender. El balón vuelve al lado amarillo y todo comienza de nuevo.
Todo depende de qué quieras fomentar.
🔷 Juego de posición: estructura y libertad
Pasamos al juego de posición, probablemente el más típico, el más conocido y uno de mis favoritos.
He dibujado dos zonas: una con un 4 vs 4 con 3 comodines (2 por fuera y 1 por dentro), y otra con un 3 vs 3 con 4 comodines (2 dentro y 2 fuera). El espacio varía en función del nivel del equipo.
Si el nivel es alto, puedes reducir el espacio: la toma de decisiones debe ser inmediata, y ellos están preparados. Si el nivel es más bajo o intermedio, agrandar el espacio les permite tomar mejores decisiones y mantener más fluidez.
El foco aquí está en la ocupación racional del espacio. Siempre tenemos que tener las cuatro zonas de amplitud ocupadas. Y si una jugadora quiere moverse, está bien, pero otra debe ocupar su lugar. El espacio no puede quedar libre.
Más movimiento = más dificultad para el rival = más opciones de progresar.
🧠 Toma de decisiones: no es solo elegir bien
La toma de decisiones no empieza en el pase, empieza en el cuerpo. Muchas veces el error no es “decidí mal”, sino que estabas mal perfilada para decidir bien.
Si la jugadora está orientada solo hacia el comodín de banda, no verá al resto del campo. No sabrá quién le salta, ni quién está libre. Por eso, trabajamos también la táctica individual, la predisposición corporal.
🧩 Salida de balón y contexto real
Llegamos al trabajo de salida de balón, algo que me encanta aunque no siempre entusiasma al jugador. Son repeticiones, repeticiones… pero cuando se hacen bien, todo cobra sentido.
Propongo dos estructuras: una con 4 defensas y un pivote, y otra con 4 defensas y doble pivote. En ambas situaciones el rival presiona: una en 4-4-2 y otra en 4-2-3-1.
Me gusta que el saque lo haga la central, no la portera. Así se acostumbran a jugar bajo presión. Pero si no salta el rival, que la portera avance y provoque el salto. Y cuando eso pase, debemos tener claro quién es la jugadora libre.
Aunque partimos de superioridad, la intención es que lo trasladen al partido, donde las cosas no son tan sencillas.
🎯 Juego real: modelo propio vs. modelo rival
Terminamos con el partido real, sin condicionantes. 11 vs 11. Podemos añadir pasillos, zonas, cuadrantes… todo depende de qué queramos trabajar. En este caso, lo usamos para poner en práctica el modelo ofensivo propio contra un modelo defensivo rival.
Volvemos a lo mismo: el espacio tiene que estar ocupado. Y si la jugadora quiere moverse, perfecto, pero hay que compensar su movimiento. Hay que comunicarse. No se trata de limitar la libertad, sino de que esa libertad tenga coherencia colectiva.
La intención es crear un contexto donde haya muchos jugadores en campo rival, pero con equilibrio defensivo en transición. Si se rompe una línea rival, lo ideal es generar un salto: si una central o una lateral salta, ya hay un espacio a su espalda. Y si tu equipo piensa y actúa rápido, ese espacio puede ser un uno contra la portera.
👁️🗨️ El objetivo final: jugadoras que piensan
Queremos que entiendan el por qué. Que no hagan las cosas porque se las dicen. No queremos jugadoras automatizadas, sino jugadoras que entienden el juego y lo leen desde dentro.
En etapas base, no trabajamos contra sistemas rivales específicos. No porque no podamos, sino porque queremos que aprendan a adaptarse a cualquier situación, no solo a una estructura.
El fútbol es imprevisible. Si enseñas a jugar solo de una manera, cuando cambie el contexto, esa jugadora sufrirá. Si enseñas a entender el juego, se adaptará.
🎙️ Reflexión final y objetivos personales
“¿Cuáles son tus próximos objetivos como entrenador y psicólogo deportivo?”
A corto plazo, mi idea es volver a dirigir un primer equipo femenino. Estoy muy cómodo en fútbol femenino y quiero aprovechar para impulsarlo y visibilizarlo. Es un entorno espectacular, muy agradecido. Las jugadoras valoran mucho que se les escuche, que se les entrene con atención real.
Quiero seguir trabajando en este modelo de toma de decisión, perfeccionarlo, aplicarlo y seguir subiendo de categoría.
Mi sueño es poder dedicarme plenamente a esto. También me gustaría vivir alguna experiencia internacional, como están haciendo varios amigos. Irme fuera de España, vivir otra cultura futbolística. Siento que sería una experiencia que me haría crecer mucho.
Como psicólogo, seguiré formándome y aprovechando mis conocimientos para ayudar a los equipos desde dentro, también en lo emocional y mental.
“Te deseo lo mejor. Ha sido un placer escucharte, has explicado todo de manera brillante.”
Muchísimas gracias a ti, Mateo, por este espacio y por darme voz. Ha sido un placer compartirlo.
Muy buenas a todos y bienvenidos a Conexión Cantera. Hoy estamos en compañía de Íñigo González, entrenador y psicólogo deportivo del Fuenlabrada Atlantis.
Muy buenas, Íñigo, ¿qué tal? ¿Cómo estás?
—Hola, hola. Muy buenas, Mateo. ¿Qué tal? ¿Todo bien?
Hoy Íñigo nos hablará del modelo de entrenamiento basado en la toma de decisiones del jugador. Un enfoque muy interesante. Pero antes, vamos a conocer un poco a Íñigo como profesional. Esta doble función que desempeñas, siendo entrenador y psicólogo deportivo, ¿cómo la combinas y cómo se complementan en tu día a día en el campo?
—Pues la verdad es que se complementan en prácticamente todo lo que hago. Considero el deporte como un todo, y especialmente el fútbol, que es mi área. Soy un firme defensor de que, en el fútbol de alto rendimiento —e incluso en canteras de alto nivel—, lo que marca la diferencia es el plano mental.
Te digo esto porque creo que hemos llegado a un punto en el que todos los equipos están muy preparados, tanto táctica como física y técnicamente. En esos niveles, lo que marca la diferencia es la parte mental.
Lo que intento con mis equipos es trabajar ese aspecto desde la base. Eso sí, siempre dejando claro que yo no soy el psicólogo del equipo: soy el entrenador. Aunque tengo la formación y experiencia como psicólogo deportivo y coach, debo tener muy presentes mis límites, para no confundir a los jugadores ni invadir roles que no me corresponden.
Me encantaría, cada vez que llego a un club, contar con la figura del psicólogo deportivo. Desafortunadamente, no siempre es posible. Entonces, intento asumir parte de esa función, siempre con mucho cuidado, para no pisar funciones ajenas ni generar confusión en el jugador.
¿Cómo lo hago? Pues tanto este año como el anterior, fui aprendiendo de mi experiencia como psicólogo deportivo y también del máster que cursé. A partir de eso, surgen ideas para realizar dinámicas grupales que trabajan variables psicológicas importantes y fundamentales en mis equipos. Me parecen clave, tanto para competir en el día a día como para seguir mejorando.
Estas dinámicas las considero especialmente útiles desde la pretemporada, cuando llegamos al equipo. Fuera de lo estrictamente táctico, técnico o físico, también hay que dar importancia a lo mental. Porque al final, eso es lo que marca la diferencia, sobre todo en los momentos difíciles.
Como entrenador, tienes que ser consciente de que una temporada es muy larga, y por muy bien que vayan las cosas en ciertos momentos, siempre habrá etapas complicadas. Siempre acabarás perdiendo algún partido. Ahí es donde debes saber quién quieres ser en la derrota, con qué valores te identificas, cuán concentrado necesitas estar en momentos clave de la temporada, etc.
Esto se puede trabajar a través de dinámicas grupales, tanto de cohesión de equipo como para abordar distintas variables psicológicas, y hacerlo de diferentes formas, dándole vueltas para no aburrir al jugador. Creo que ahí está la clave.
Además, combino entrenamiento y psicología en mi día a día, no solo con dinámicas grupales, sino también en la forma en que me comunico con el grupo y con cada jugador en particular. Como entrenador, aunque no seas el psicólogo del equipo, sí debes cuidar mucho cómo te diriges al grupo y a cada individuo.
Pongo un ejemplo: puedes tener un grupo de 15, 20 o 25 jugadoras, dependiendo de la etapa formativa, y cada una es diferente. No todas responden igual al mismo mensaje. A algunas las motivará que les digas sus errores al descanso; otras, en cambio, se pueden venir abajo si les corriges dos cosas seguidas.
Por eso, considero que la parte más difícil y más importante de ser entrenador es conocer bien a tu plantilla. Tomarte el tiempo, en las primeras semanas o meses, para conocer a cada jugadora, y en base a eso, adaptar tu conducta, tu forma de comunicarte, de motivar, etc.
Esa frase de “hay que tratar a todos por igual” me parece una de las mayores mentiras que se han dicho. Cada jugador necesita algo diferente para rendir al máximo.
MODELO DE ENTRENAMIENTO BASADO EN LA TOMA DE DECISIÓN
Perfecto, Íñigo. Creo que hemos hecho una introducción suficiente para pasar a la temática principal. Vamos con ello: tu modelo de entrenamiento basado en la toma de decisiones del jugador. Es tu espacio, tu tiempo, y estamos aquí para escucharte.
—¡Vamos a ello! A ver, existen miles de modelos de entrenamiento y de juego. Pero yo considero que, tanto en fútbol base como en etapas más avanzadas —siempre que no estemos hablando de la élite, donde prima competir semana a semana—, lo más valioso es un modelo centrado en la mejora de la toma de decisiones del jugador.
¿Qué quiere decir esto? Para mí, el fútbol es un deporte de errores. Y quien toma mejores decisiones durante un partido aumenta sus probabilidades de éxito. Por eso, este modelo de entrenamiento se basa en tareas que se asemejen al juego real, con la menor cantidad posible de reglas artificiales o estructuras que alejen al jugador del contexto real de juego.
El jugador mejora jugando. Y jugar es replicar lo que hará el fin de semana en competición. Evidentemente, hay que tener en cuenta la etapa formativa. No es lo mismo entrenar a un benjamín que a un infantil o un juvenil.
Puedes encontrarte con un grupo que viene muy trabajado o con otro en el que algunas jugadoras apenas han tocado un balón. Y tienes que adaptar tu modelo en función de eso. A veces, al principio, es necesario trabajar con tareas más analíticas, centradas en el gesto técnico, para luego progresar hacia tareas más globales con oposición.
En etapas más iniciales, incluso los partidos de competición no deberían tener tanta importancia. Lo importante es que el jugador o jugadora no se frustre, que entienda que el error es parte del proceso, y que lo que buscamos es formarle para el futuro, no ganar el sábado.
Entonces, ¿qué significa entrenar en base a la toma de decisiones? Significa enseñar al jugador a pensar. Y eso muchas veces incomoda, porque el fútbol ha tendido históricamente a la automatización, a la repetición sin reflexión. Eso genera jugadores que hacen cosas espectaculares… pero sin saber por qué.
Yo creo en enseñarles a jugar en función del rival. Si la central rival salta a presionar al extremo, el balón debe ir a la lateral. Si la lateral también es presionada, habrá otra jugadora libre. Hay muchísimas opciones. No hay dos jugadas iguales en el fútbol, y el jugador debe aprender a pensar en función del contexto, no ejecutar por reflejo.
Y claro, esto, en la teoría —en una pizarra o en un vídeo—, parece fácil. Pero en el campo, con décimas de segundo para decidir, es muy complejo. Todos los que hemos jugado lo sabemos. Por eso, como entrenadores, lo primero es reconocer que no es fácil. Y que equivocarse es parte del proceso.
Este modelo genera errores. Provoca goles en contra. Puede hacerte perder partidos por errores en la salida de balón, por ejemplo. Pero creemos firmemente que formar jugadores que piensan es lo que marcará la diferencia cuando lleguen a un primer equipo.
Por eso marcamos los tres pasillos en el campo. Dentro de cada espacio, la intención era clara: atraer en un carril, fijar cerca para liberar en el lado contrario y girar rápido con el objetivo de progresar.
La norma principal era que, para progresar, obligatoriamente tenía que haber un cambio de orientación, un giro de juego. Y además, los pases debían ser filtrados por abajo. En este caso, por ejemplo, el equipo azul (en posesión) no podía levantar la pelota. ¿Por qué? Porque el 8 y el 10, que estaban en la zona intermedia, no podrían controlar bien balones altos. Así obligamos a jugar raso, limpio y preciso.
Yo, en este tipo de tareas, suelo prohibir el balón largo. No me gusta. En parte porque, en contextos competitivos, es común que al segundo o tercer día el equipo, por costumbre, empiece a buscar el pase largo en cuanto no hay presión.
Entonces les paras: “¿Por qué jugar largo si tienes un 7 contra 3 en zona reducida?” Ahí es donde entra el pensamiento, la toma de decisión con intención. Y no se trata de jugar por jugar, sino de saber por qué haces lo que haces.
Si el 4 tiene el balón y el 9 le salta, mientras el 11 está cubriendo a la 3, probablemente el 8 esté libre. Y en función de cómo se libere el 8, ahí decidimos: jugar con el 2, volver atrás con el portero… Siempre según la presión del rival. Esa es la riqueza de la tarea.
🔄 Transiciones y variantes
Esta misma tarea tiene muchas posibilidades: puede hacerse transversal para trabajar el cambio de orientación puro, o longitudinal, como lo hago yo, para progresar después de girar.
También se puede jugar con o sin porteras, y con o sin transiciones. A mí me gusta más con transiciones, aunque depende mucho de la etapa formativa. Por ejemplo, con benjamines o prebenjamines, quizás cueste más. Entonces la haces sin transición: una serie roba un equipo, la siguiente el otro.
Pero conforme lo van entendiendo, introduces la transición real. ¿Cómo? Si el equipo rojo roba (9, 11 o 7), su objetivo es acabar en portería. Y si marcan, cambian los roles: ahora ellos pasan a la zona grande y las azules a defender. El balón vuelve al lado amarillo y todo comienza de nuevo.
Todo depende de qué quieras fomentar.
🔷 Juego de posición: estructura y libertad
Pasamos al juego de posición, probablemente el más típico, el más conocido y uno de mis favoritos.
He dibujado dos zonas: una con un 4 vs 4 con 3 comodines (2 por fuera y 1 por dentro), y otra con un 3 vs 3 con 4 comodines (2 dentro y 2 fuera). El espacio varía en función del nivel del equipo.
Si el nivel es alto, puedes reducir el espacio: la toma de decisiones debe ser inmediata, y ellos están preparados. Si el nivel es más bajo o intermedio, agrandar el espacio les permite tomar mejores decisiones y mantener más fluidez.
El foco aquí está en la ocupación racional del espacio. Siempre tenemos que tener las cuatro zonas de amplitud ocupadas. Y si una jugadora quiere moverse, está bien, pero otra debe ocupar su lugar. El espacio no puede quedar libre.
Más movimiento = más dificultad para el rival = más opciones de progresar.
🧠 Toma de decisiones: no es solo elegir bien
La toma de decisiones no empieza en el pase, empieza en el cuerpo. Muchas veces el error no es “decidí mal”, sino que estabas mal perfilada para decidir bien.
Si la jugadora está orientada solo hacia el comodín de banda, no verá al resto del campo. No sabrá quién le salta, ni quién está libre. Por eso, trabajamos también la táctica individual, la predisposición corporal.
🧩 Salida de balón y contexto real
Llegamos al trabajo de salida de balón, algo que me encanta aunque no siempre entusiasma al jugador. Son repeticiones, repeticiones… pero cuando se hacen bien, todo cobra sentido.
Propongo dos estructuras: una con 4 defensas y un pivote, y otra con 4 defensas y doble pivote. En ambas situaciones el rival presiona: una en 4-4-2 y otra en 4-2-3-1.
Me gusta que el saque lo haga la central, no la portera. Así se acostumbran a jugar bajo presión. Pero si no salta el rival, que la portera avance y provoque el salto. Y cuando eso pase, debemos tener claro quién es la jugadora libre.
Aunque partimos de superioridad, la intención es que lo trasladen al partido, donde las cosas no son tan sencillas.
🎯 Juego real: modelo propio vs. modelo rival
Terminamos con el partido real, sin condicionantes. 11 vs 11. Podemos añadir pasillos, zonas, cuadrantes… todo depende de qué queramos trabajar. En este caso, lo usamos para poner en práctica el modelo ofensivo propio contra un modelo defensivo rival.
Volvemos a lo mismo: el espacio tiene que estar ocupado. Y si la jugadora quiere moverse, perfecto, pero hay que compensar su movimiento. Hay que comunicarse. No se trata de limitar la libertad, sino de que esa libertad tenga coherencia colectiva.
La intención es crear un contexto donde haya muchos jugadores en campo rival, pero con equilibrio defensivo en transición. Si se rompe una línea rival, lo ideal es generar un salto: si una central o una lateral salta, ya hay un espacio a su espalda. Y si tu equipo piensa y actúa rápido, ese espacio puede ser un uno contra la portera.
👁️🗨️ El objetivo final: jugadoras que piensan
Queremos que entiendan el por qué. Que no hagan las cosas porque se las dicen. No queremos jugadoras automatizadas, sino jugadoras que entienden el juego y lo leen desde dentro.
En etapas base, no trabajamos contra sistemas rivales específicos. No porque no podamos, sino porque queremos que aprendan a adaptarse a cualquier situación, no solo a una estructura.
El fútbol es imprevisible. Si enseñas a jugar solo de una manera, cuando cambie el contexto, esa jugadora sufrirá. Si enseñas a entender el juego, se adaptará.
🎙️ Reflexión final y objetivos personales
“¿Cuáles son tus próximos objetivos como entrenador y psicólogo deportivo?”
A corto plazo, mi idea es volver a dirigir un primer equipo femenino. Estoy muy cómodo en fútbol femenino y quiero aprovechar para impulsarlo y visibilizarlo. Es un entorno espectacular, muy agradecido. Las jugadoras valoran mucho que se les escuche, que se les entrene con atención real.
Quiero seguir trabajando en este modelo de toma de decisión, perfeccionarlo, aplicarlo y seguir subiendo de categoría.
Mi sueño es poder dedicarme plenamente a esto. También me gustaría vivir alguna experiencia internacional, como están haciendo varios amigos. Irme fuera de España, vivir otra cultura futbolística. Siento que sería una experiencia que me haría crecer mucho.
Como psicólogo, seguiré formándome y aprovechando mis conocimientos para ayudar a los equipos desde dentro, también en lo emocional y mental.
“Te deseo lo mejor. Ha sido un placer escucharte, has explicado todo de manera brillante.”
Muchísimas gracias a ti, Mateo, por este espacio y por darme voz. Ha sido un placer compartirlo.